Intervención del Embajador Carlos Miguel Pereira Hernández en el Simposio “Éxitos de la Revolución y construcción socialista de Cuba”

El 22 de diciembre de 2020 se celebró el simposio “Éxitos de la Revolución y construcción socialista de Cuba”, organizado por el Departamento de Enlace Internacional del Comité Central del Partido Comunista de China, presidido por su viceministra, Shen Beili y el embajador cubano en China, Carlos Miguel Pereira Hernández. El evento permitió debatir sobre los logros alcanzados por la Revolución cubana bajo el liderazgo de su Partido Comunista, el proceso de construcción socialista en ambos países y el desarrollo de los vínculos interpartidistas bilaterales durante los últimos 60 años.

A continuación, compartimos la intervención del embajador de Cuba en China, Carlos Miguel Pereira Hernández:

Estimada Shen Beili, vicejefa del Departamento de Enlace Internacional del Comité Central del Partido Comunista de China.

Estimado Embajador Li Lianfu

Estimados académicos y amigos del Departamento de Enlace Internacional del CC PCCh:

Agradezco la oportunidad de poder intervenir en este simposio organizado por el Departamento Internacional del Comité Central de Partido Comunista de China, como colofón de las intensas jornadas vividas este año para conmemorar el 60 aniversario del establecimiento de nuestras relaciones diplomáticas.  

El tema escogido para este intercambio Éxitos de la Revolución y la Construcción Socialista de Cuba”, me inspira a reflexionar sobre dos cuestiones políticas fundamentales. Primero, sobre el proceso de construcción del socialismo en Cuba bajo el liderazgo del Partido Comunista, que ha estado acompañado desde sus inicios por el más prolongado y sistemático bloqueo económico, comercial y financiero de EEUU impuesto contra país alguno. Segundo, sobre la profunda vocación social del socialismo cubano que ha colocado siempre al ser humano en el centro del proceso político nacional.

El socialismo en las condiciones de Cuba desarrolló de manera temprana toda una obra social que incluyó la erradicación del analfabetismo, la proclamación del acceso gratuito y universal a la educación, a la asistencia médica y al deporte, la eliminación de las enfermedades endémicas y la aplicación de masivas campañas de vacunación y la realización de una profunda reforma agraria. Gracias al socialismo se potenció una política de estado en apoyo a la ciencia y la técnica, la investigación científica, la protección del medio ambiente y un profundo sentimiento internacionalista.

El criterio expresado en una ocasión clave de la historia de Cuba por el General de Ejército Raúl Castro, de que el único sustituto de Fidel es el Partido, revalida la esencia de una organización que se identificó siempre con un hombre de vertical actuación, con una vida y una obra dedicada al pueblo. Es decir, una organización política que ganó ese derecho por su prestigio, autoridad y permanente contacto con las masas, heredera del Partido Revolucionario Cubano, fundado en 1892 por José Martí para hacer la Guerra Necesaria, tras una faena colosal de veteranos y pinos nuevos en pos de la independencia de la Patria.

Como reconoció su forjador Fidel: “El Partido es hoy el alma de la Revolución”, legado imperecedero para las batallas presentes y futuras, mucho más ahora en que él no está físicamente entre nosotros.

No es posible entender la concepción teórica y práctica del socialismo cubano sin tomar en cuenta el papel del Partido en la conducción de la sociedad. Ha sido símbolo de unidad histórica de la nación cubana y expresión a la vez de su fortaleza de cara al futuro. Tal como se define en la nueva Constitución, el Partido Comunista, único, martiano, fidelista, marxista y leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado.

El marxismo-leninismo, el pensamiento martiano y las ideas de Fidel constituyen los referentes teóricos fundamentales del socialismo que se construye en Cuba en base a las condiciones concretas del país, sustentado en la justicia y la equidad social, la solidaridad, el internacionalismo, el concepto de la unidad de todo el pueblo, la defensa del multilateralismo y la autodeterminación de los pueblos.

El Partido Comunista cubano es una institución política de profundo arraigo popular, con probada y suficiente autoridad política y moral para gobernar, y establecer las prioridades políticas a largo plazo en beneficio de la mayoría. Su agenda política es reflejo de mayorías, no obedece a lobbies ni a presiones de grupos de poder, responde a los intereses del pueblo, y está enfocada en la obtención del bienestar común. Su militancia y dirigencia proviene del pueblo y no de élites sociales, de ahí su concepción como un partido profundamente vinculado con las masas populares.

En abril de 1962, Fidel expresó: “La Revolución se hace por las masas y para las masas. Esa es la razón de existir del Partido, y todo su prestigio, toda su autoridad estará en relación con la vinculación real que tenga con las masas. Ese Partido no tendrá au­toridad ante la masa por ser Partido, sino que será Partido por la autoridad y el prestigio que tenga ante las masas. Si no tiene conexión con las masas, ni prestigio y autoridad ante las masas, no es Partido; se vuelve una organización raquítica, pobre, y será cada vez menos Partido, porque su razón de ser estaba en su vinculación con las masas”.

La articulación del trabajo y la influencia política del Partido Comunista y las masas populares constituye una de las principales experiencias de Cuba en el proceso de construcción del socialismo. Esa relación carnal, diseñada y encarnada por Fidel, ha permitido sortear obstáculos, y avanzar en la consecución de un socialismo posible, democrático, participativo y soberano, legítimamente avalado por la mayoría del pueblo cubano bajo el principio de quién decide es el pueblo. Romper dogmas y asumir con firmeza, confianza y audacia, la actualización de nuestro modelo económico, preparando al pueblo para los cambios que se avizoran.

Por razones geográficas y geopolíticas, Cuba ha tenido que enfrentarse siempre a un verdadero dilema histórico: la Independencia o la Anexión a los Estados Unidos. La idea de una Cuba independiente y más aún, de un país socialista en sus propias narices, ha sido siempre inaceptable para Estados Unidos. Ello  explica por qué en Cuba, Estados Unidos lo ha probado todo: El Destino Manifiesto, la Doctrina MONROE, la Doctrina de la Fruta Madura, la guerra económica y la Intervención Militar.

El diferendo histórico cubano-estadounidense no comenzó con la Revolución cubana. Tiene una historia que se remonta al Siglo XIX. Cuba ha mantenido y mantendrá siempre una posición firme, pero a la vez constructiva y paciente. Ninguna acción cubana ha estado dirigida a afectar intereses legítimos estadounidenses. Hay una relación asimétrica que Cuba no puede ignorar, consciente de que hacer concesiones sería suicida, de ahí que la única opción posible es y será siempre la resistencia firme y la política disuasiva

La solidez del Partido Comunista como fuerza dirigente de toda la sociedad cubana y sus estructuras de base constituyen la piedra angular para poder enfrentar el bloqueo, y desarrollar el programa socialista bajo permanente asedio y condiciones muy duras. El bloqueo de Estados Unidos constituye el principal obstáculo al desarrollo del socialismo cubano.  Solo entre abril de 2019 y marzo de 2020 los daños económicos del bloqueo fueron estimados en el orden de los 5 mil 570 millones de dólares. Por primera vez, en apena un año, se sobrepasó la cifra de los 5 mil millones de dólares, calculados de manera conservadora y con una metodología que ha sido auditada incluso por instituciones del Congreso de los Estados Unidos.

Como se conoce, en este último año, la administración Trump, en medio del complejo escenario internacional impuesto por la COVID-19, ha llevado a extremos increíbles la genocida política del bloqueo. Han sido impuestas más de 120 medidas diseñadas de forma quirúrgica para estrangular la economía cubana. La posibilidad de establecer demandas al amparo del Título III de la Ley Helms-Burton; el incremento de la persecución de las transacciones financieras y comerciales de Cuba; la prohibición de vuelos desde Estados Unidos hacia todas las provincias cubanas, con excepción de La Habana; la persecución e intimidación a las empresas que envían suministros de combustible a Cuba, la persecución a empresas extranjeras con vínculos con Cuba, incluyendo a empresas chinas,  y la campaña de descrédito contra los programas de cooperación médica cubana, constituyen algunos de los ejemplos más distintivos. Las pérdidas económicas provocadas por el bloqueo a lo largo de estas seis décadas se estiman en más de 144 mil 413 millones de dólares, a precios corrientes.

A ello debemos sumar la desesperada y creciente injerencia en los asuntos internos de nuestro país. El pasado 30 de abril de 2020 se produjo un ataque terrorista con fusil de asalto contra la embajada cubana en Washington, hecho que hasta la fecha permanece impune. Al igual que sucedió en 2019 en la región administrativa especial de Hong Kong, tras la derrota electoral de Trump en noviembre, sectores políticos opuestos a la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, han intentado acelerar su estrategia de guerra no convencional para lograr su objetivo de “cambio de régimen” en Cuba.

Agencias federales estadounidenses, diplomáticos estadounidenses en La Habana, junto al oportunista senador Marco Rubio y otros políticos de ultraderecha, han apoyado financiera y logísticamente e instigado abiertamente a minorías de cubanos a generar disturbios y desorden social para justificar una intervención militar norteamericana. Los cubanos tenemos memoria histórica, nunca perdemos de vista al enemigo. Como dijo recientemente nuestro presidente, en el cierre del último periodo ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, “ellos insistieron en matarnos y nosotros insistimos en vivir y vencer “.

Una ventaja fundamental del socialismo cubano, bajo el liderazgo del Partido Comunista, ha sido su capacidad de articular una agenda económica en beneficio del pueblo. Esta proyección ha estado dirigida en función de elevar el nivel de vida del pueblo, poniendo a los diferentes actores económicos y sociales en función de ese objetivo común.

Como se conoce, el pasado 10 de diciembre se anunció el inicio del proceso de ordenamiento monetario, definido por el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez como el más complejo proceso económico de los últimos años, que entrañará un rediseño integral de los sistemas monetario, cambiario, tributario, crediticio, de precios, de salarios y demás ingresos de los ciudadanos. Por su impacto transversal en la economía y en la sociedad cubana en general, se ha concebido como un proceso integral y multidimensional que abarca 4 aspectos básicos: la unificación monetaria y cambiaria, la corrección de los precios, la eliminación de subsidios y gratuidades y la transformación de la distribución de los ingresos, incluyendo la reforma salarial, de pensiones y de seguridad social.

El proceso es parte intrínseca de la Estrategia económica y social acordada para el impulso de la economía y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la COVID-19. Ayudará a eliminar dificultades y trabas estructurales en nuestra economía, permitirá una mejor comprensión de los estados contables del país, la estimulación de los encadenamientos productivos, la obtención de una mayor suficiencia económica y la ampliación de las capacidades para la atracción de la inversión extranjera. Implicará devaluar, romper la inercia, avanzar integralmente en la implementación de todas las transformaciones acordadas.

Sabemos que avanzar en su instrumentación no será tarea fácil, que se requerirá de un diálogo sistemático con la población, que entrañará profundos desafíos, entre ellos la posible generación de fenómenos inflacionarios, de ahí la importancia que se otorga sobre todo proteger a la población frente a precios especulativos y abusivos. Sabemos que no resolverá automáticamente todos los problemas económicos, pero continuar posponiéndolo sería aún más costoso en el tiempo.

La viabilidad del socialismo cubano ha quedado demostrada con creces en medio de una pandemia como la Covid-19, no sólo porque puso de manifiesto la fortaleza y viabilidad de nuestro sistema de salud y la gran experiencia adquirida por nuestros médicos en el manejo de esta y muchas otras epidemias sanitarias que han azotado al mundo, sino también y sobre todo, por su capacidad para aunar todos los esfuerzos y recursos posibles para la preservación de la vida y la salud de nuestra gente. En medio de este escenario tan adverso, se ha puesto de manifiesto la capacidad demostrada por el personal científico y médico cubano en el desarrollo de productos y medicamentos altamente innovadores que han demostrado una gran efectividad en el tratamiento de la enfermedad y la recuperación de los pacientes.

El socialismo cubano ha brindado especial atención a la inversión en áreas estratégicas para nuestro desarrollo, tales como la ingeniería genética y la biotecnología, las neurociencias y la producción de medicamentos. Esa proyección ha permitido a Cuba situarse, junto a países como China y Rusia, a la vanguardia de los estudios sobre candidatos vacunales contra la pandemia Covid-19 y los protocolos de atención y seguimientos a los contagiados, incluso con resultados superiores a los de países desarrollados.

Esto confirma un principio humanista del pensamiento de Fidel, que ha sido inseparable de la praxis de la Revolución: la vida humana como el bien supremo de la sociedad.  Esta concepción ha sido base de la estrategia cubana de enfrentamiento a la epidemia a nivel nacional e internacional, con el envío, además, a solicitud de otros 40 países, de 3000 profesionales de la salud del Contingente Henry Reeve, agrupados en 53 brigadas. La persecución, y las presiones del actual gobierno de Estados Unidos contra otros países por recibir o simplemente solicitar el apoyo de las brigadas médicas cubanas, es una prueba más del prestigio y eficacia mostrada por la isla en el manejo de la situación epidemiológica.  

El carácter especial de las relaciones entre Cuba y China tiene como sustento fundamental el alto nivel de diálogo y la confianza política entre ambos partidos comunistas. Esta constituye una ventaja esencial de ambos sistemas socialistas. Además de la invariable condena de China al ilegal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, debemos seguir profundizando nuestras afinidades y consensos. Ambas naciones tienen el reto común de construir el socialismo en medio de una compleja situación internacional, caracterizada por la permanente arremetida de Estados Unidos, y dominada por relaciones capitalistas de producción y las tendencias neoliberales.

Antes de concluir, quisiera aprovechar la oportunidad para trasladar, en nombre del Partido, el Gobierno y el pueblo cubano, nuestra felicitación y reconocimiento por la decisiva victoria alcanzada por el pueblo chino, bajo el liderazgo del Partido Comunista, con el presidente Xi Jinping como núcleo, en la lucha contra la pobreza extrema en zonas rurales. Este hecho constituye un ejemplo contundente para el mundo, evidencia las ventajas del sistema socialista y su capacidad de adaptarse a circunstancias difíciles.

Queridos hermanos de causa:

Entre el 16 y el 19 de abril de 2021 se celebrará el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Este evento se desarrollará en un momento de especial trascendencia para nuestro país, en medio de procesos históricos de la mayor relevancia para la vida económica, política, social y jurídica actual y futura de nuestra pequeña nación. 

Con el próximo Congreso, quedarán delineados finalmente los documentos programáticos, las metas y los derroteros que guiarán el actual proceso de transformaciones económicas y sociales en nuestro país.

Pese a quienes daban por sentado que la Revolución cubana no sobreviviría a sus líderes históricos, Cuba sigue  adelante, sin temores ni retrocesos, sin renunciar a su soberanía, aspiraciones de desarrollo e independencia. Cada paso dado en los años más recientes ha estado precedido o seguido de consultas democráticas y participativas de discusión popular sin precedentes en el mundo. Será clave, por tanto, seguir construyendo la Cuba que queremos en permanente vínculo con el pueblo, con los oídos bien pegados a nuestra gente.

Ante la natural continuidad del proceso de relevo generacional en el liderazgo de la Revolución, los enemigos de la Revolución han arreciado su estrategia para provocar la implosión del sistema político cubano. Más allá de lo expresado por el presidente electo de Estados Unidos respecto a un posible restablecimiento de las políticas favorables a la normalización de las relaciones con Cuba, para los cubanos, quien sea el inquilino de la Casa Blanca, sabemos que no cejará en su objetivo histórico de destruir a la Revolución cubana y a su legado por cualquier medio posible.  En medio de este contexto, para Cuba siempre será fundamental contar con el apoyo y la solidaridad de nuestros hermanos chinos. De cara al futuro, preservar y fortalecer la confianza y la capacidad de diálogo político estratégico entre nuestros partidos comunistas, será otra lección al mundo sobre las ventajas del sistema socialista y la importancia de poner la vida del ser humano en primer lugar.

Muchas gracias. 

Embajada de Cuba en China

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